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August 1928. Narrative of Camilo Castellón, Landowner Seized by
Rebels under Miguel Angel Ortez.
This
story might have been published in a newspaper or magazine at some
point, though exactly where is not known. The text reproduced
here is from an original manuscript
housed in the Nicaraguan
National Archives. In it, Camilo Castellon, co-builder of the
Limay-San Albino road, engineer and longtime resident of Pueblo
Nuevo, member of a prominent Segovian family, tells of being seized
by Sandinista rebels under Miguel Angel Ortez and held for ransom of
$1,000 córdobas. Also seized was his brother Francisco
Castellon, each accompanied by his servant. It's a dramatic
story, full of surprising events and at least one hair's-breadth
escape. It's also a revealing story. It shows the war's
unfolding material dynamics, with the Sandinistas plundering the
wealthy in order to pay for guns, bullets, medicines, and other
material necessities. It also shows, in some detail, how at
least one prominent member of the Segovian elite experienced and
represented the rebels and their cause.
(Left: photograph of Camilo Castellón,
from Somoza, El verdadero Sandino,
p. 95; right: only known photograph of
Miguel Angel Ortéz y Guillén, non de guerre Alejandro Ferrera, ca.
1928; died in battle at Palacagüina in May 1931)
The original
manuscript is 21 pages long, typescript with many manual edits, and
was evidently sent by telegram to the Ministry of Gobernacion
(Interior), responsible for law enforcement. Click on page
numbers for scans of originals. English translation follows
the Spanish.
(NB: Earlier
in the 1920s, General Alejandro Ferrera had been a Honduran folk
caudillo, whose mostly Indian army had been severely weakened by the Honduran
military. Until right around the time this document was
produced, Alejandro Ferrera was the nom de guerre adopted by
Sandinista General Miguel Angel Ortéz
y Guillén, scion of a relatively well-to-do Segovian family and one
of the most audacious, committed, and important of Sandino's generals.)
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Por Telégrafo --- folio No. 1
--- Original.
Pueblo Nuevo, 25 de Agosto de 1928
Señor
Doctor Virgilio Gurdián
Managua
Estimado amigo:
Obsequio sus deseos y los de varios amigos, nacionales y
extranjeros, que me telegrafiarón al saber mi libertad del
secuestro; áquienes contesté agradecido:
El veintiuno de los corrientes, después de la jornada del
trabajo, entre diez y once de la noche, en mi propiedad "SAN
FRANCISCO" abierta aún la puerta de mi cuarto de dormir,
momentos en que me retiraba al descanzo, me sorprendió un
grupo de hombres armados de cutachas, rifles, y bombas; con
jefe a la cabeza.
¿Es Ud. don Camilo?, me preguntó este.
Sí, yo soy; Ud. quien es, que se le ofrece?, le respondí.
Entregarle esta carta, respondióme, que mi General don
Alejandro Ferrera le manda. Lo espera en su campament
un poquito más allá del "Chaguitón," por donde forosamente
pasaré con otra para don Francisco.
Mi hermano Julian, que es neurasténico, al sentir la
irrupción desde su cuarto continguo a mio, se levantó
inmediatamente bastante disgustado; y en previsión de un
desastre, rogeles dispensarlo, tomando encuenta su
estadopsicológico; fui atendido, les dí las gracias, y
empecé a leer:
La carta dice así:
"La montaña, Agosto veintiuno de mil novecientos
veintiocho.
Señor don Camilo Castellón. San Francisco.
Muy señor nuestro: cumpliendo instrucciones de mi
Jefe General, General Augusto C. Sandino, notificole
para que inmediatamente se conduzca con esa comisión que
va al lugar donde yo me encuentro, pues necesito unos
datos interesantisimos los que deseo Ud. me los dé.
Si Ud. en esa tiene ropa démele dos vestidos y una
chamarra a los muchachos que van, aqui le otorgaré
recibo. Con toda consideración tengo el gusto
subscribirme de usted atento S.S., Patria y Libertad.
Alejandro F. Ferrera."
Leida, le manifesté que no tenia frazadas. Me contestó
que le diera su equivalente en otras cosas que ellos estaban
viendo y tocando, como sacos nuevos de brahamante y otros
artefactos que juzgaban útiles. En efecto, prometiendo
recibo espontaneamente, los hombres iban tomando lo que les
parecia, por ejemplo: sacos, un anteojo le larga
vista, camisas, camisolas, dril, una lamparita electrica,
queso, café, botas nuevas y otras menudencias.
Después de estos pormenores y otros incidentes, como el
disparo de rifle por una de las imaginarias que controlaban
una de las puertas de cuarto la que da al comedor, me dijo
que mandara a encillar mi mula; pero le manifesté que
preferia irme a pié por los malos caminos. Me instó y
entonces requerí a mi sirviente Jovino Casco para que la
fuera a traer; regresó a los pocos segundos diciendo que lo
la traia por que no se lo permitia un centinela que
controlaba el sendero respectivo. El Jefe ordenó pase:
vino la bestia, se encilló, y como me dijera el dicho Jefe
que podia llevar una persona de mi confianza, ordené a Casco
seguirme y a Santiago López, también sirviente, adolescente
de catorce años, con el objeto de regresarlo con la bestia
como lo hice, pues a las cuatrocientas varasde emprendida la
marcha, por el mal camino, preferí continuar a pié con una
lampara tubular que me permitieron llevar. La mula al
cuidado de López hasta el Chaguitón, de donde la devolví, no
antes, por que las arguí que según el trayecto la ocuparía
no más adelante.
Francisco recibió su misiva en su propiedad Chaguitón,
rodeada la casa; y después de tomar todos una taza de café
negro, continuamos juntos el viacruces, por caminos
escarpados, laderas, cuestas empinadas, lodazales,
desfiladeros, quebradas con agua hasta el muslo y apbructas
montañas en donde aún no la pentrado el hacha, hasta el
amanecer en que se hizo alto, cuando los pajarillos con
sustrinos saludaban la aparición del día.
/ p. 2 /
El jefe amarró la amaca de viaje que hubo en "San
Francisco"; estuvo conversando con nosotros hasta la nueve
de la mañana; nos ofreció café negro, tortillas, queso y
elotes, y luego se despidió diciendonos que volvería pronto,
que iba al campamento del General Ferrera, con una parte de
sus números, entre ellos uno que llamaban "El Coronel."
Para nuestra vigilancia y sorpresa del enemigo dejó unas
cuantas imaginarias.
Antes de partir, le pregunté nuevamente por su nombre y me
dijo llamarse Miguel Angel Ortez Guillén; de donde? de
Ocotal, me respondió. En "San Francisco" le habia
hecho la misma pregunta, dándome un nombre que ahora no me
acuerdo. Todo esto occuria en un rancho, del Señor
Toribio Reyes, invadido a la hora dicha atrás; se despidió,
montó, y se fue por el lado opuesto de la vereda que
habiamos traido, serian las nueve y media de la mañana,
repitiendo que volvería pronto, que solamente iba al
campamento donde encontraba su jefe General Ferrera.
Las horas pasaban y él no aparecia.
A las tres p.m. apareció el Coronel con dos comunicaciones,
una le entregó a Francisco y la otra a mi.
La dirijida a mi literalmente dice:
"Campamento general, Agosto 22 de 1928. Señor don
Camilo Castellon. El Bonete. paraje del
Rancho. Muy distinguido Señor:
"Después de saludarle me es grato hacerle sentir que he
llamado su atención honorablemente por una parte para
hacerle sentir nuestra verdadera situación a fin de que
Ud. como buen liberal deseanos principios a la vez la
haga sentir ante el público Nicaragüense, a ver si asi
los principales hombres de talento cooperan eficazemente
hasta conseguir las verdaderas aspiraciones del pueblo
Nicaragüense. Por otra parte le hago saber que
/ p. 3 / en vista de las multiples necesidades del
ejército defensor de la Soberania de Nicaragua, ha sido
Utd. uno de los comprendidos en las cuotas que se han
designado. De manera que notificole para que hoy a
las nueve de la noche a mas tardar me ponga en el Bonete
esto es en el rancho de Reyes, ami órden la cantidad de
MIL CORDOBAS $¢1,000.00 manifestándole
que si a esa hora no hace efectiva dicha contribución
será conducido al campamento General de la frontera,
donde forzosamente tendrá que pagar el doble. Al
recibo de ese dinero se le otorgará su recibo
correspondiente y toda clase de garantía tanto para su
persona como para sus intereses con lo que Utd. podrá
atender tranquilamente su hacienda y demás negocios sin
temor alguno de ser molestado por nuestras fuerzas.
Para que mande traer ese dinero a donde corresponda le
concedo permiso a don Francisco, para que a la vez
traiga el la cuota que se le ha designado, siendo
entendido que volverá a la hora designada con el
contingentes advirtiendo que si él da cuenta al enemigo
irá en perjuicio de Utds -- Con toda Consideración me
suscribo de Utd Att S.S. y Amigo.
Patria y Libertad -- Alejandro F. Ferrera."
La de Francisco literalmente dice asi:
"Campamento General, Agosto 22 de 1928. Señor Don
Francisco Castellón. El Bonete / Paraje. Muy
apreciable correligionario: Después de saludarlo
deseo hacerle sentir que en vista de las necesidades del
Ejército Defensor the la Soberania de Nicaragua se had
designado en la zona de un comando varias contribuciones
habiendo quedado Utd. comprendido en DOCIENTOS SINCUENTA
CÓRDOBAS $¢ 250.00 En este caso
notificole para que a mas tardar hoy a las nueve de la
noche me ponga en el Bonete dicha cantidad, pues de lo
contrario será conducido al campamento General de la
Frontera donde forzosamente tendrá que pagar el doble -
para que Utd. vaya a traer ese dinero a donde le
corresponda confiado en su honorabilidad puede ir Utd.
personalmente, que dando / p. 4 / uedando
detenido don Camilo hasta cubrir integra la cuota que se
le ha designado. Es entendido que Ud. vuelve con
el contingente a la hora designada, por que de lo
contrario todo irá en perjuicio de Uds. Al recibo
de la contribución se le otorgará recibo y toda clase de
garantias para que atienda su Hacienda y demás negocios
sin peligro de ser molestado por nuestras fuerzas.
Por el momento tengo el gusto de suscribirme de Ud. Atto.
S.S. Patria y Libertad /s/ Alejandro
F. Ferrera."
Francisco salió inmediatamente con el encargo mio de
conseguirme los mil córdobas, llevarlos juntos con los de él
ó mandarmelo no sin advertirla al Coronel, que las nueve de
la noche no era el término de la distancia. No impugnó.
A las cuatro p.m. aparecieron lo Marinos y el señor don Rosa
Benavidez por el camino que en la noche habiamos traido,
descendiendo al fondo de una cañada muy profunda, para
enseguida subir hasta el punto donde yo me encontraba
detenido. Las imaginarias dierón la voz de alerta.
Yo también los ví. A la voz de alerta todos corrieron
en sentido opuesto sobre un a inmensa falda, bastante
empinada. Yo traté de quedarme en la casa o cerca de
ella, para esperar allí el resultado cualquiera que fuera;
pero la custodia me ordenó pasar adelante, intimandome de
muerte y señalandome el camino que debía de seguir, una
quebradita peña y calosa cubierta de breñales, zarsas y
otras malezas a lo largo de la empinada cuesta, casi rrecta,
sembrada de draquitas y [ ---- ] descubiertos por las aguas
de las lluvias, incomada y seca, pues en ese momento no
tenía ni una gota de agua.
Los de adelante ascendian con destreza. Yo no podía
hacer lo mismo ni mi sirviente Casco, que tenía que irme
donde la mano para salvar los escalones formados por las
piedras y [arecifes]; los de atrás querían ascender con la
misma velocidad que sus compañeros de adelante, temiendo un
tiroteo de los Marinos con peligro de perder sus vidas y sus
maletitas, y era un atrazo. Al decirme: "Ande,
sinó aqui no más lo dejamos muerto," les repuse: "no
lo creo, ustedes son hombres de buen corazón, no les
conviene sembrar el terror, si disparan ustedes, los
Americanos, oiran las detonaciones, pensaran que estan
haciendo blanco en ellos y ellos entonces tendrán que hacer
blanco en ustedes, los matarán indudablemente con sus
chorros de balas. Yo estaría muerto pero sería triste
el fin de ustedes, por sus esposas, queridas, hijos,
familiares, y la causa que dicen abrazar con ardor."
Seguimos ascendiendo con dificultad como docientos
varas cuesta arriba sin oirles otra amenaza. Hicierón
alto y nos sentamos.
Esta parada me alegró en medio del temor de una inprudencia
de parte de los que me cuidaban ó de sus compañeros, que
pudiera provocar el functionamiento de las maquinas de los
Marinos. Pero nó, ambos se portarón como convenia.
Ellos, los marinos, tenían conocimiento de todo, lo mismo
que el señor Benavidez, é intencionalmente no disparón en
dirreción nuestra por temor de matarme, pues en el Rancho de
Reyes, supierón que Francisco andaba en el Pueblo trayendo
el dinero y que solo you habia quedado. Decian, me lo
dijerón de vuelta en el Rancho, para allá no hay que tirar,
está don Camilo, cosa que desde luego les agradezco.
Dimos silvidos entre ellos, para juntarse, y descargas el
sentido opuesto al de nosotros.
Cesarón los silvidos y las descargas, reinaba el silencio y
todo el cuadro en medio de aquella soledad y de aquella
naturaleza salvaje y casi primitiva indicaba que los Marinos
se habian marchado, para no obstaculizar el desarrollo ó
proceso del rescate, mediante el pago de las sumas apuntadas,
de lo cual no tenian conocimiento al salir de Pueblo Nuevo;
y probablemente si a su llegada al rancho.
A las seis y media se acercó a nosotros uno de los
delanteros, corredores en todo, como una lagartija, ladera
abajo, ordenando que siguieramos la marcha. En efecto,
muy penosa la asención, con mucha sed, sin agua, caminando
cuesta arriba, [-ron] picando y resbalan de vez en cuando,
tanteando saltos y agarrederos para no caer al abismo.
A la media hora, ya entrada la noche, apareció por encima de
nosotros, otro de los adelanteros ó lagartija, a precisarnos.
Los de me retaguardia oreyendo que era Marino prepararón
armas pero enseguida se reconosierón.
En ese momento traté de ampararme en un ocote con tan mala
suerte que el primer / p. 5 / paso lo dí en
falso en un hueco yendome de guindo abajo resbalando y
sosteniendome poco a poco con las manos un trayecto como de
quince varas. Me detube en unas raices. Volví al
punto auxiliado por mi sirviente y de uno de los de la
custodia.
Seguimos el ascenso, la sed era tremenda. A las diez y
media más o menos coronamos la altura. Allí
encontramos a los delanteros junto con su Jefe Ortéz Guillén:
va adelante con otros números al campamento del General
Ferrera, me contestó.
Entre varios de los números que habian quedado, alterna
bangestos, interjecciones, esto es manifestaciones de
marcado disgusto por la llegada de los Americanos, la
perdida de las dos mulas, la del Coronel en el propio Rancho
y la de Ortéz un poco arriba del mismo, sobre un punto de la
cuesta que acaba vamos desalvar en donde según parece habia
pasado el dia ó se habia quedado de regreso del campamento
de Ferrera que él amenudo aseguraba existir como otros
tantos.
Yo en verdad nunca le ví la cara a Ferrera.
En sus contrariedades decían que nosotros les habiamos
mandado aviso a los Marinos desde nuestras respectivas
Haciendas y el enojo que esta creencia les causaba, aún que
el Jefe y varios de sus números permanecían callados, no
dejaba de ponerme en cuidado, unos se acordaban de Chico y
del dinero, otros de la frontera donde debia pagar el doble
ó más; de las dos mulas y de la amaca, de las horas, etc.
Para calmarlos / p. 6 /
un poco les manifesté en tono amigable que nosotros no
eramos los culpables de la denuncia ante los Marinos, sino
simplemente las victimas; que a ellos mismos les constaba
que ho habiamos tenido tiempo de hacerlo en nuestras
respectivas haciendas; que tampoco Francisco en el caso de
que se hubiera cruzado con ellos, los Marinos, que venían
sobre la huella, que si algo les hubiera dicho sería más
bien en su favor para no ser ultimados y desarrollo del
proceso de rescate. Además, no pudo haber tal cruce
porque dadas las horas y distancias cuando los marinos
entraban a la huella él con seguridad ya había cruzado el
camino de Pueblo Nuevo que cruza la dicha huella. Que
más bien ellos mismos tenían la culpa sin quererlo porque en
cuando llegaban a una hacienda, rancho ó alquería, eran
vistos por niños y viejos, sirvientes, parientes, vecinos y
transeuentes, dilatandose mucho tiempo solicitando agua,
café, comida y otras cosas y que esos naturalmente referían
lo que veían y les causaba impresión sobre todo.
Que ya les había manifestado anteriormente que las 9 p.m. no
era el término de la distancia, ni las doce de la noche, ni
podía saber Francisco donde nos encontrabamos. Que si
querían nos regresaramos al punto convenido y allí sabrían
la verdad.
Entonces habló el jefe diciéndome que se me acusaba de
americanista y de Moncadista.
Yo le contesté:
"¿Quién
o quienes son esos que me acusan? Creo que todo
eso es más bien cuestión de intrigas mal sanas en donde
campean la envidia, el egoísmo y el disgusto marcado
porque no toma uno parte en bataholas que no le incumben.
Hablarles sobre este punto sería no concluir; pero
entendámanos: ¿americanista antes de que los
trajeran aquí, ó americanista / p. 7 /
ahora que están aquí, es decir cuando no pensaban ellos
en intervención o ahora que han sido traidos por otros y
no por mí. Yo no he sido ni soy gerente de los
intereses públicos, ni gerente de los sectores políticos,
ni culpable me siento del origen de todas estas
barahundas y danzas macabras. Yo nunca he tenido
poder para traerlos ni tampoco para despacharlos.
Yo soy una simple unidad, un simple ciudadano que vivo
trabajando. Ni ellos ni yo tenemos la culpa.
Todo eso es cuestión de criterio. Hay que afirmar
las cosas con fundamento pero sin dicen que dicen, que
dicen. Yo en cambio les puedo demostrar con
documetos fehacientes lo que he sido y soy, con hechos
también, en lo político, en lo social, en lo profesional
y ahora en los campos de la agricultura, en esa montaña
donde me capturaron, que tengo del copete desde hace
varios años, propuesto a desgobernarla a fuerza de hacha,
machete y privaciones para bien del país en general,
puesto que la agricultura es la fuente de riqueza en
todos los paises del mundo o que ella me desgobierno a
mí. Hace poco por ejemplo renuncié agradecido dos
puestos públicos de importancia alegando entre otras
cosas la de estar retirado de la política desde Abril de
1908 que me ausenté del país. Yo no sé cuales sean
los fundamentos de Uds. razonables para tenerme por esto
o por el otro, en estas zarabandas diabólicos que han
dado por resultado la intervención que ahora los
persigue. Cuando los marinos pasan de Limay y de
Pueblo Nuevo á la hacienda de Pataste de don Guillermo
Mosher, cuidadano americano, y viceversa, las pocas
veces que de tránsito han entrado donde mí, en 'San
Francisco,' lo han hecho con toda cortesía, no han
molestado más bien pedido informes si he tenido novedad
y ofrecido garan / p. 8 /
tías, siguiendo su camino al lugar de su destino pues
para ellos el tiempo es oro (Time is money). No
andan de limósna todo lo que necesitan lo compran.
Si una Onza de oro viene en el aire sobre mí yo no meto
la mano para que me golpee, la dejo seguir su curso,
caer y si después me parece levantarla, la levanto si
puedo y la pongo en su lugar o alludo a ponerla.
Suponganse muchachos que Uds. tienen a la orilla de la
cumbre donde nos encontramos una vacija llena de dinero,
bien pesada, y un travieso, bruto, o mal intencionado,
le da vuelta y la hace rodar deguindo abajo por la falda
donde ahorita nos hallamos lo que harian sería apartarse
para no ser golpeados, dejarla caer al plan y después
irla a buscar y levantarla para ponerlaen su puesto.
Así más o menos pasa con la intervención solicitada por
otros: está llegando al plan de donde puede
lavantarse con las palancas de la justicia y de la
diplomacia, con su punto de apollo que son: las
constantes, claras, y terminantes declaraciones del
gobierno serio de los Estados Unidos, conocedor de los
derechos del hombre y del derecho de las naciones a ser
soberanas, libres, é independientes; en el criterio é
inteligencia de sus hombres de estado; y ven la
honestidad del gran pueblo americano ó sea el crisol
donde están fundidas todas las razas del mundo. Yo
no recuerdo haber sido nunca "ista", ni tratandose ne
naciones, ni tratandose de individuos. Yo desearía
la unión de todos los pueblos de la tierra y ya lo he
dicho por la prensa. Yo soy amigo de la cultura,
de la inteligencia, y de la honradez donde quiera que la
encuentro, sea individual ó colectiva, grande ó pequeño,
blanco amarillo ó negro. Yo soy amigo de los
principios, de las doctrinas que van a la par del siglo,
del progreso. Yo no soy personalista y por eso
tengo amigos personales en todos / p.
9 / los partidos, en todas las razas
que conozco y entre nacionales y extranjeros. Yo
soy partidario de la escuela, de las vías de
comunicación y de la inmigración. Deseo que todo
el que viene aquí de paises lejanos o cercanos escriba a
los suyos cosas bonitas, verdaderas, de nuestro país, y
no cosas feas. Que diga que hay buenos terrenos,
buenos brazos para trabajar, minas; que si es verdad que
hay malos é indecentes tambien los hay honrados y
caballeros, que contemplen los asuntos por el lado que
se debe. Yo no soy 'fobo' soy 'philo' cuando debo
serlo; me gusta entrarpero á un campo de pie no de
gateada."
Todo eso les dije en aquella rodeado, en medio del silencio
de la noche en aquella naturaleza salvaje y casi primitiva.
Me escucharon con atención.
El jefe me dijo:
"Siento mucho don Camilo haberlo maltratado, yo no lo
conocía á Ud., ahora la cosa no tiene remedio porque
tengo que llegar a donde mi jefe con Ud. ó con el dinero."
Entramos en ligeras divagaciones sobre los mismos tópicos y
luego que coronamos la altura seguimos caminando sobre la
cumbre de la montaña con ligeras ondulaciones, apartando
sacatuste, sarza y otras malezas hasta que hicimos alto á
horas avanzadas de la noche. El jefe buscó un lugar
adecuado para la dormida, tendió su capote de hule color
amarillento en el suelo y me dijo que podía acostarme en él.
Pero antes sería conveniente tomar agua general le dije, "Ud.
y sus números deben tener sed, tan abrazadora como la que yo
tengo, una tropa sin agua no resiste mucho tiempo." No
hay respondió uno de los números. Si hay pero largo de
aquí repuso otro. No importa que esté a una dos ó más
horas, el asunto es que venga tarde ó temprano, les volvi a
decir; el número salió a todo escape y nos quedamos sentados
esperándolo. A la hora regresó sin ella diciendo que
en "El Naranjo" estaban los americanos hablando en su lengua
que él no entendía y apundando con sus luces. Nos
/ p. 10 / acostamos. Sobre el capote
puse un saco nuevo de brahamante que solicité a uno de los
números de los que habían tomado en "San Francisco."
Yo en medio del jefe y mi sirviente Casco; alrededor los
soldados y la imaginaria de pié. El jefe antes de
acostarse se persinó y rezó. Dormimos unas pocas horas
despertandome antes de la salida. A las 4 y ½ más o
menos se dió la voz de marcha y empezamos a caminar sobre la
meseta hasta la lejanía de la cresta que con los respendores
del día divisamos antes envuelta en una especie de ocalina.
Luego seguimos de cuesta abajo en dirección de una bajura,
rompiendo monte bajo, breñas y cuidadosos de los barrancos
en ciertos trechos. Sentí alegría al ver que ibamos de
cuesta abajo, en la vertiente de la derecha, por las
probabilidades de encontrar agua en el fondo de la gran
cañada que habíamos abordado. Pero antes de llegar al
propio cause disupuso el jefe hacer alto, al pié de un
hermosa árbol de roble, en donde todos nos sentamos,
tendiéndome antes el capote. Cada cual tomó su puesto
procurando no ser vistos por aeroplanos. A
continuación dispuso la busqueda del agua. Serían las
8½ de la mañana. A la ½ hora más o menos volvió el
número con un gran calabazo lleno del precioso liquido.
El jefe me ofreció primero, yo lo insté a que tomara el
primero. No, después de Ud. Así se hizo y todos
saciamos la sed.
Se trató de café y salió un número con el canto de irlo a
preparar. A la hora más o menos regresó con una jarra
grande llena de café negro con dulce, una gran cuajada
mantequilluda, güiras, elotes y tortillas. El jefe me
ofreció su taza, no había otra. Aunque le dijo que se
sirviera él primero no quizo. La acepté, me serví café
yo mismo y / p. 11 / me dieron
mi buena ración de todo lo dicho; la cuajada era de primera.
Nos desayunamos muy bien fodos. Pocos momentos después
se empesó a sentir ruido de aeroplanos, que en efecto
divisamos bastante elevados y por allá en los confines de la
planura, de una floresta, de la bajura antes dicha.
Pasó la impresión de los aeroplanos. Los números boca
arriba cubiertos por el monte decían de vez en cuando:
aquí no nos ve esa paloma. No es la paloma dijo uno de
ellos, sino el anfibio; pues tampoco nos ve repuso el mismo.
Pasamos el resto del día, callados unas veces, calmos; pero
de repente se acordaban de los americanos que los habían
hecho salir del sintio atrás aludido; de la no llegada de
Chico, por no saber donde nos encontrabamos; de la perdida
de las dos mulas y de la hamaca; del dinero y da la urgencia
de regresar a sus campamentos o de levantar ese campo; y
estos sin sabores para ellos los ajitaba y entonces
empezaban los regañadientes de algunos de los números.
Yo naturalmente procuraba no desmallar en mi tarea de no ser
maltratado, ni conducido a la frontera donde tendría que
pagar el doble, y sobre todo de conseguir mi libertad.
Les decía a propósito del viaje a la frontera que yo ya no
podía andar, por que el camino era muy pesado para mí, que
yo más bien iba a ser un estorbo para ellos puesto que me
iban cuidando y que acalambrados por esa circunstancia me
iban a tener que dejar en el camino peridod y talvez muerto
de sed y hambre puesto que iban por crestas solitarias; por
no decirles me tendrán que matar o llevarme de arrastrada.
Por fin, a las cuatro poco más o menos de la tarde de ese
mismo día logré que me dejaran en libertad bajo mi palabra
de honor para buscar y / p. 12 /
mandarles los un mil córdobas. Francamente noté en el
jefe una lucha en su ánimo, esto es una fuerza que lo
compelía a darme la libertad y otra a no dármela.
Hablaba de que en los otros campamentos había jefes que
deseaban que mi cuota fuera de cinco mil córdobas y que él
habia logrado reducirla a mil. En tal momento surgían:
la duda, el gesto, el regansdiente, la indecision. Por
fin les dije se hace tarde, deseo la libertad. Bueno
puede marcharse; lo espero bajo su palabra de honor o me
manda la cosa con persona de confianza a tal punto, a donde
yo mandaré también mi recomendado de confianza; pero sin que
esta maniobra se sepa. Para ponerle fin a mi situación
bien penosa le contesté entendido y me despedí con el
propósito de complir mi palabra de honor empeñada.
El andaba muy buenos baqueanos conocedores de todos los
rincones de esa mole de montaña. Yo no conocí a
ninguno.
A Francisco no le habían registrado las bolsas; ni amí
tampoco, fueron considerados en esa parte. Mi anillo
lo había dejado en "San Francisco." La mula tampoco me
la exigieron allá, ni en "El Chagüitón."
Me despedí de él y de sus números y emprendí la marcha junto
con mi sirviente, de cuesta abajo hacia el fondo de la
cañada, apartando breñas, hojarascas, behucos, entre una
maleza alta que nos cubría; y seguimos, chapoteando lodo en
algunas partes, atrucun, con el bendito en la boca, por el
temor de ser alcanzados y vueltos. Anda!, que en la
tardanza está el peligro, aunque yo tengo propósito de
cumplir con mi palabra de honor, se les puede antojar
volvernos, le decía a mi compañero.
Llegamos a un rancho, saludamos, nos ofrecieron elotes que
con el mayor / p. 13 / gusto
saboreamos, no obstante mis deseos de no perder ni un
segundo. Dicho y hecho, la sentía: una comisión
del general nos alcanzó en el rancho, diciéndome que con el
señor tal, tocandolo, le mandará la encomienda. Digale
que está bien. Me despedí, invité al señor a seguirme
y empece a caminar. Hay los alcanzo! nos dijo el señor.
No te detengas, le decía a Casco. El camino tan
dificil como el anterior.
El señor nos alcanzó y seguimos caminando juntos.
Llegamos al rancho donde habiamos estado detenidos,
saludamos, cambiamos impresiones de la llegada de los
marinos y nos despedimos.
Después de mucho caminar siempre a pie llegamos al Valle
llamado "El Chorro," sembrado de pequeñas almunias, a la
despedida del crepúsculo; seguimos caminando y por último ya
de noche dispusimos quedarnos en el rancho de una familia
Soza, para seguir el viaje en la mañana.
Poco atrás me ofrecieron un caballo con mucha bondad.
Lo tantié pero no me pareció para el camino.
La familia Soza, nos atendió como pudo ofreciendonos café
negro, queso, frijoles, elotes, tortillas, y tapescos de
tabla para dormir.
En la mañana nos desayunamos, nos despedimos dando las
gracias y poniendonos a las órdenes. Salimos dejando
esa accidentada campiña, y después de mucho caminar,
varianda siempre [ ----- ] de mil lodos y quebradas, al
Chagüitón. Las gentes que encontramos en el camino y
allí se mostraba muy contenta, con nuestra libertad.
En el Chagüitón se encontraba mi pariente Vicente Castellón
y después de saludarme, me habló así:
"Francisco está en el pueblo; se fué enfermo y
maltratado; a mí me dejó en su lugar; el dinero está
listo allá; ayer / p. 14 /
mandé comisiones con el fin de averiguar donde se
encontraba para disponer lo conveniente pero fué en vano;
pues se volvieron sin averiguar nada. Por eso
casualmente me estaba alistando para investigar yo mismo
su paradero y mandarle esta carta que está aquí,
dándomela, el la que le digo lo mismo; y que me diera
noticias suyas. Me habí dicho que el efectivo mío
y el de Chico los tenía listos en su poseción llamada
'El Caracol' en un punto distante de las casas."
Oiga!, le dije al recomendado, llamándolo, el dinero no está
aquí; pero sí está listo; de manera que vamonos a "San
Francisco" que está cerca de aquí, quiero ver primero a mi
hermano y servicio, que sepan que estoy libre y de allá se
vuelve Ud. con una carta para su seguridad, que o crean que
es cosa suya y lo molesten. En cuanto me desocupe y dé
algunas órdenes saldré para tratar de cumplir con mi palabra
de honor mandando la encomienda al lugar convenido.
Llegamos a San Francisco, ví a mi hermano, al servicio, a
don José Lorenzo Reyes, me puse a hacer la carta; se la
entregué al recomendado y después de dar algunas órdenes
para poner en órden ciertas cosas, me despedí y me fuí
acompañado de mi recomendado de confian o sea Vicente:
La dicha carta dice así:
"Hacienda San Francisco, 24 de Agosto, 1928.
General don Miguel Angel Ortéz y Guillén. Sus
manos. Estimado general: / p. 15
/ Después de una travesía larga y penosa a pié
acabo de regresar; y en cumplimiento de mi palabra empeñada salgo inmediatamente hacia Pueblo Nuevo, en
donde está lista la encomienda que en esas cerranías y
desfiladeros me exigió a base de mi libertad, la que le
enviaré desde allá lo más pronto posible a la casa de su
recomendado, quién por los motivos justos que él le
explicará va sin ella. Chico tuvo la mejor
intención de cumplir, pero no atinando donde nos
encontrabamos por el inesperado incidente que lo
determinó a Ud. a desocupar el punto de cita, enfermo y
maltratado por la caminata a pié también, se fué al
Pueblo donde me espera. Por tal motivo no lo
encontré en su propiedad, siento mucho, solamente a unas
comisiones que se encargaban desde ayer de averiguar
para los fines consiguientes nuestro paradero en esas
abruptas montañas. Ellas, las comisiones, hicieron
todo esfuerzo sin resultado, pues no encontrarón quien
les diera informes al respecto. Agradeciéndole
desde luego la prueba de confianza que me dispensó, me
suscribe de Ud. atto. S. S. (f) C. Castellón."
Yo había alistado recado de escribir en "San Francisco,"
después de las pláticas del caso con varios anciosos de
detalles; de tomar una taza de café y de poner, como he
dicho antes, en órden ciertas cosas.
En el camino me apié en lugar convieniente y formuló el
siguiente pagaré. Asegurandole ser pagado a su
presentación en una postdata:
"Pagaré al General Miguel Angel Ortéz Guillén,
recomendado del General Alejandro Ferrera, la suma de un
mil córdobas; exigidos por mi libertad en el lugar del
secuestro el 22 de Agosto de 1928. /
p. 16 / (f) C. Castellón.
La Montaña, Jurisdicción de Pueblo Nuevo, Agosto de
1928."
Se lo leí a Vicente, se lo entregué y le ordené salir al
lugar de la cita con una carta firmada por él y la postdata,
advirtiéndole; que el dinero efectivo estaba listo, en
depósito y que el pagaré sería cubierto a su presentación
por el propio general o por su recomendado de confianza, que
mandara con las credenciales y documentos del caso, pues que
yo estaba dispuesto a cumplir con mi palabra empeñada.
Antes de partir Vicente de recomendé que hiciera la entrega
del documento y de su carta cuando calculara que la mía
derigida de San Francisco, hubiera llegado a su destino,
para llevarlos de impresión en impresión y porque era
necesario tomar tales precauciones: La de Vicente a la
letra dice:
"24 de Agosto de 1928. General don Miguel Angel
Ortéz Guillén. Sus manos. Estimado general:
-- Lo espero en este 'Nuevo lugar designado'
por Ud. para la entrega de los un mil córdobas que
exigió a don Camilo en esos despeñaderos con su
destacamento en cambio de su libertad. Para mi
descargo, garantía y seguridad suya ante sus jefes
también, es necesario o conveniente que venga
personalmente, o su recomendado de confianza con sus
letras y recibos firmados, como han sido sus deseos y
los del general Ferrera, firmante de la nota al respecto.
/ p. 17 / Como Ud. comprende la
seguridad de todos reclama estas formalidades, hubo la
mejor intención de cumplir puntualmente y en otra forma,
pero los malos caminos, las fatigas y la crisis de estos
pueblos, azotados por las guerras desde hace muchos años,
se han cruzado y a nuestro pesar no lo han permitido.
Además el cambio de sitio de Ud. convenido. Don
Camilo agradece su prueba de confianza, sintiendo al
mismo tiempo las dificultades dichas y circunstancias
que ahora se cruzan para hacerlo ya en forma efectiva.
De Ud. atto. y S. S. (f) Vicente Castellón."
Todo esto por su puesto, era entendido de verificarse con la
mayor prontitud posible. me decía Ortéz Guillén, que
el dinero no era para él sino para la causa que sustentaban,
que sus padres eran cómodos y que le habían escrito varias
veces llamándolo y exhortándolo a que dejara esa vida y
poniendo a sus órdenes todo su capital; que él sabía
trabajar, que se dedicaba con éxito al cultivo de la caña de
azucar cuando dispuso viaje al "Chipote" donde Sandino,
quien lo recibió algo frio al principio, siendo ahora uno de
los de su confianza; que los americanos también le han
escrito ofreciéndole dinero para él y para sus números,
garantías y un buen puesto; pero que tampoco aceptó esa
propuesta enseñandome dos cartas: que dentro de muy
pocos días se iría donde Sandino; que la jornada la hacía en
cinco días; que a don Guillermo Mosher lo tenían en lista y
que le volarían la casa con bombas, sino les ayudaba, aún
cuando fuera, o más claro, siquiera pagándoles la cuota que
le tenían asignada y que oportunamente lo notificaríam que
/ p. 18 / estaban bien preparados y
que el ataque general lo harán dentro de muy pocos días.
Todo esto no pretendemos que sea un secreto, pues lo decimos
publicamente, cada vez que hay ocasión. En su
conversación demuestra ser un fanático Sandinista.
Me dió varios números de la revista "Ariel."
Ortéz Guillén, es bastante joven, blanco, pelo rubio que usa
bastante largo, de perfiles bien marcados y fisonomía
simpática, con alguna preparación, a juzgar por su modo de
conversar, de 23 años de edad, estudió en León la primaria y
tres grados de secundaria, según me lo manifestó; agregando
que uno de sus maestros había sido don Abraham Paguaga.
No recuerdo porque motivo hablamos del Coco y de Ciudad
Vieja, llamada antiguamente "la ciudad de la Nueva Segovia,"
de donde le vino el nombre al Departamento, lo que dió
origen a una plática sobre la historia de su fundación,
asaltos de los pirates en los siglos pasados, emigración de
las familias principales a estos lugares y al interior,
etc., tradición de la existencia de un tesoro, fin de su
fundador Francisco Hernández de Córdoba, etc. /
p. 19 /
El dinero naturalmente lo tenía Vicente en depósito también
para su propia garantía, con instrucciones de mandar primero
su carta enseguida el pagaré, y por último el dinero a su
presentación y recibo correspondiente que identificara; no
sin dejar de aconsejarle precauciones para seguridades de
personas y fondas; todo en cumplimiento de lo ofrecido bajo
palabra de honor en circunstancias críticas, en artículo "morti."
Después de algún tiempo trabajando hasta las dos de la
madrugada regresó Vicente trayendo además de los documentos
una carta que le dió a su comisionado, en el lugar señalado
o convenido por ellos de acuerdo de su plan, la comisión de
ellos para don Guillermo Mosher, americano, dueño de la
hacienda Pataste, vecina a la mía, a una hora poco más o
menos en verano; la cual le fué entregada dentro del término
de la distancia; amenezándolo en la carta con la destrucción
de su propiedad y otros pormenores que ya me habían dicho en
el secuestro para hacerselo saber sin retisencias de ningún
género y como en efecto lo hice por medio de los señores,
General Ramón y Luis Fiallos, tio político y suegro
respectibamente de él.
Llegué pues aquí sin novedad; satisfecho de no haber ido
apié a la frontera; de no haber quedado muerto en esos
despeñaderos, de hambre, sed, rodado, o matado; a juzgar por
las anteriores amenazas aludidas; de haber dejado abonado el
terreno para otro secuestrado de los que tienen en lista, si
desgraciadamente les llega el día que crea, en su palabra si
la comprometen; de haber salvado en fin como he dicho atrás
mi desamparada situación.
Si concluyo los detalles qué se servió solicitarme, lo mismo
qué otros amigos, los qué con gusto le envio, tanto en su
caracter de amigo personal como Ministro de la Gobernación y
de Policía, rogándole su publicación para conocimiento de
los demás aquienes contesté ofriciéndoselos oportunamente;
manifestándole antes de concluir, aunque caso de su peso,
qué a la hacienda no se prosedio contra ellos por razones
qué no se ocultan su claro criterio, y qué consigno
enseguida: falta de armas; tratarse de un número
considerable equipados como se ha dicho; de noche por
sorpresa; / p. 19 /
los mozos en sus ranchos particulares, distantes, desde
temprano qué sacan sus tareas; el estado enfermo de mi
hermano Julián; el peligro qué en un tiroteo correría él,
sirvientas y niños de ellas; la comfianza, pues se aseguraba,
por la prensa y demás fuentes qué ya todo estaba calmo; y
porqué durante dos años sobre tres de intranquilidades
originadas de esta últimia contienda armada, las irrupciones
sucesivas de unos y otros, contenidas hasta cierto punto no
habían llegado al colmo de secuestrar. Habiamos estado
no solamente a merced de las juntas de detalle qué
controlaban la población sino que también de algunos de los
jefes expedicionarios, comisiones y desbandados qué pasaban
por los dos caminos qué cruzan la propiedad.
Asi pues, no habia de otra: el articulo morti, y
tomando en cuenta que esto va a lo largo; que el poder
público aunque no vea esos sucesos con buenos ojos, ni
quiera que entran a su estadio, es decir, a la República, ni
al campo de trabajo nuestro, y desee sinceramente protejer a
la comunidad agricola que permanece en despoblado sobre todo,
sin más amparo que el que uno se puede dar, ellos entran a
la hora que les conviene y desarrollan sus planes como mejor
les place: qué estando constantamente expuesto a tales
insidentes, no obstante de llevar una vida apartada y de
trabajo, no estando en mi mano remediarlos, ni sospecharse
cuando los remediaran los causantes y obligados a ello, se
hace necesario qué uno mismo se de garantías por los medios
apuntados, a ver si los calma un tanto y los hace quizá
cambiar de rumbo contra uno; y por último, seguro de que el
Gobierno de la nación garantizador de los intereses de la
comunidad, inspirandoso en sentimientos de verdadera
justicia, en el caso que le narro, dará sus órdenes para que
por su digno medio seamos reparados en cuanto reciba la
presente. / p. 21 /
Y satisfecho también de poderles contar la historia, me
repito su Afmo. Amigo y S. S.
/s/ C. Castellón
P. D. No es verdad que hayan secuestrado al Sr. José
Angel [ --- ] ni a otro más -- Ruégole dispensar los
borrones por la falta de práctica mechanográfica, y por los
contratiempos derivados del suceso. Vale.
TRANSLATION: forthcoming.
Archivos Nacionales de Nicaragua
Colección Sandino, Caja 3
Informes de Actividades Sandinistas y de Colaboradores,
1928-1934
Ancillary document, 1926, on who General Alejandro Ferrera
was:
|
Jefferson
Caffery, US Minister, San Salvador, to US Sec
State Frank Kellogg, 26 August 1926, USDS
817.00/3796:
... "[The
Honduran Minister in San Salvador don Rafael B.
Colindres] said also that General Ferrera is
still in the mountains of Honduras, near the
Salvadorean border, but that the Honduranean
Government no longer feared "el cacique de las
montañas," as he called him, for Ferrera had
often in the past been able to collect as many
as 2,000 Indians around him, but now had a
following of less than 200 men." ...
|
|
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Inventory
2 September 1928. Enemy Information furnished By Prisoner Máximo
Hernández Calis.
This document offers another angle on the previous one -- from a
member of the group that seized Camilo Castellon and received the
$1,000 he paid in ransom. Such actions on the part of the
Sandinistas fed accusations that they were engaged in "organized
banditry," and in an important sense they were -- if "organized
banditry" in this context is interpreted as plundering the wealthy in order to
pay for material necessities of war. Wealthy Segovianos would
see more than four more years of the same, only expanded,
intensified, and radicalized.
|
50th Company, Second Battalion
11th Regiment, U.S. Marine Corps
Somoto, Nicaragua
2 September, 1928
From: Commanding Officer
To: Area
Commander, Northern Area, Ocotal, Nicaragua
Subject: Enemy information furnished by
prisoner.
1. Interviewed late yesterday,
prisoner Maximo Hernandez Calis who was captured by
McHenry's patrol on August 25, 1928 in the vicinity just
south of San Lucas, furnished the following information.
Mr. T. H. Bracken acted as interpreter.
(a) "I want to tell the truth for my
father is honest and I want you to send and get him so he
will know I am well and not dead. I have been
connected with Modesto Escalante for the past month.
About three weeks ago Escalante had decided to surrender
when he received a letter from Ferrera to meet him at a
certain time between Sonis and Mal Paso. Escalante
detailed, in addition, to myself, the following men to
accompany him to appointed place:
Rafael Perez
Juan Perez
Cuiatano Picado
Ciriaco Picado
We arrived [at the] house of Apoliario Perez and met Ferrera.
Escalante and Ferrera argued for some time. Ferrera
then gave Escalante a letter and some money. We left
Ferrera and went to [the] house of Ciriaco Picado (between
San Lucas and Sabana Grande). Escalante talked with
Rafael Perez for some time then left. Rafael Perez
then assembled us (Juan Perez, Cuitano Picado, Ciriaco
Picado and myself) and told us Escalante had given him
$280.00 and a letter for the Jefe of San Marcos, name,
Mondragon. That we were to take two or three pack
mules and leave for San Marcos the next night. Rafael
Perez and myself were armed with pistols (38 Cal) and eight
rounds of ammunition each. The next day I was fairly
drunk and feeling bad so that night Rafael Perez told me to
rest up and then proceed to [the] house of Juan Perez
(between Sonis and Espino) and wait for him. Two days
later Rafael Perez and [his] detail returned and unloaded 25
rifles (used) and 2500 rounds of ammunition for same.
Ammunition was in packages of 100 rounds each. At this
time, Ferrera, Escalante, Pascual Hernandez (lives near
Pataste) and a mozo [resident worker] employed by Don Camilo
Castellon were in hiding near Pataste awaiting opportunity
to capture Don Camilo, as he had previously refused to give
a donation to Ferrera's cause. During the period of
waiting (at [the] house of Juan Perez) Rafael Perez told me
the following."
(b) "That he and [his] detail went
to San Marcos with the letter and money ($280.00).
Upon presenting the letter to Mondragon, he gave me [a] note
to Francisco Siercke (this about 1:00 a.m.). I went to
Siercke's turned over note and $280.00 and received cargo,
leaving San Marcos at about 2:00 a.m." /
p. 2 /
(c) "Escalante returned to where we were with about
twenty men, issued them rifles and one hundred rounds [of]
ammunition each. We then separated and assembled the
next night (about August 20) in the vicinity of Sabana
Grande. The total bandit forces were now about forty
men. Ferrera with about fifteen left first, then
Maldonado with about twenty leaving Escalante, myself,
Rafael Perez, Juan Perez, Ciriaco Picado and Cuaitano Picado
behind. Rafael Perez was made lieutenant by Ferrera
before he (Ferrera) left. The group left behind was
all armed with rifles except myself, who had [a] pistol, the
same as when I was captured. In addition Escalante and
Rafael Perez had pistols. We separated and drifted
back to the vicinity of our homes. Escalante told me a
few days later that Don Camilo Castellon paid to Ferrera, in
cash, about one thousand dollars and that he (Escalante) had
received his share."
2. Previous to yesterday, Calis, when interviewed had
refused to admit connection with Escalante and Ferrera.
He is about twenty one years of age and his father is
reported honest and law abiding. His home is about two
leagues south of San Lucas.
----- /s/ -----
Geo. F. Stockes
Captain, U.S.M.C.
M28.09.02
RG127/220/2
|
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Inventory
14 September 1928. Gavino Bucardo, First-Class Rebel Soldier, Goes
Home to Plant a Crop.
This brief report on
an interview with a rebel soldier on leave from the army highlights
several key features of the year-old rebellion. For one, its
ranks were filled with campesinos (rural folk), whose
livelihoods depended on planting and harvesting corn, beans, and
other staple crops. Thus, the ranks of the rebel army would
shrink with the coming of the spring rains. The "oath" refers
to the Marine & Guardia practice of compelling former rebels to
pledge their allegiance to the constitutional government in Managua.
Gavino Bucardo's
comments about "Jiron" (General Manuel Maria Girón Ruano) are also
noteworthy. During the war's first year, Girón did rank among
Sandino's top commanders (on the discipline exercised by Girón's
troops at Bonanza Mines in April 1928, see above; on his growing estrangement
from Sandino, and capture and execution by the Marines &
Volunteers, see below). The rebels' impoverished material
circumstances as described here also accord with much other
evidence. Finally, the Marine & Guardia's failed efforts to
persuade Bucardo to ally with them illustrate core campesino values
of autonomy and independence, and underscore the polarizing dynamics
of the war, with both sides growing increasingly insistent that, for
non-combatants, there was no viable middle ground.
|
Two bandits surrendered at Jinotega 14 September and gave
following information:
Gavino Bucardo, with a house in San Esteban, north of
Jinotega. A fine upstanding Indian and first class
fighting man. Soldier of Jiron. Left about July
4 or 5 by permission to plant a crop. Says any soldier
of Jiron can get this permission. Says Jiron is a good
commander. Took oath, but says does not want to be
guide for us as they will kill him if they see him.
Says Jiron had one Lewis and one Thompson when he left, with
about 100 men, four to eight rounds of ammunition each.
Bucardo looks to be a type of man that if we can get him on
our side will be of much use. At present has no
intention of helping us. Brought in by Toribio
Chavarria, bull-cart contractor.
IR28.10.08: 7
RG127/43A/3
|
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Inventory
14 September 1928. Tomas Guatemala, Reluctant Soldier under
Pedron, Surrenders.
This is the first of
three sets of documents relating to Tomas Guatemala, a lifelong
Jinotega resident and active rebel until early 1929, when he
withdrew from the rebel movement (the second is
here, and the third
here). In this, the first of his statements, he frames his involvement with the rebels as
involuntary, which was a lie, though it's also true that his
allegiance was not strong. A few months later he'd quit, and
soon after be arrested, jailed, and released on the condition that
he work as a spy. Here he provides a valuable insider's look
at the rebel movement at this critical juncture, only six weeks
before the November presidential elections, and a glimpse into the
ambiguities that so often marked Segovian political identities and
allegiances.
|
Two bandits surrendered at Jinotega 14 September and gave
the following information: ...
Tomas Guatemala, has a house in Cua. Came into
Jinotega about Easter time got some supplies for his place
and when Sandino came through early in April on the way to
Garrobo took everything and made him go along; that Sandino
never trusted him, but assigned him to Altamirano's band and
they made him work. He cut trail to Pis Pis. Was
at Poteca, where they had camp about three hours travel up
from Gulke's Camp, left late July or first of August with
Altamirano [Pedron] and escaped at first opportunity after
had reached country he knew. Has hid out since until
he had news Altamirano had gone north again. Says that
Jose Leon Diaz is still alive. That it was his band
bombed in the Coco on July 24th that all the rifles were
lost when the boats were bombed and could not be recovered.
Says conditions are bad. Only one doctor with the
headquarters and none with small bands. Men have leg
sores and fever. If they have at one time a week's
rations they are doing well. That there are not so
many Honduranians with the main body; that Altamirano has no
machine guns and only 20 to 25 men, not so well armed; i.e.,
not all of the rifles will shoot. This man gave a
tremendous lot of information. Some old, confirming
our own report and much that I believe to be false. I
have known he was in the vicinity of Jinotega for about four
weeks, and made special effort to get him in. He
turned in after a letter from Jefe Politico.
This man speaks very good English, can carry on a
conversation in German, and has a smattering of French and
Portuguese. Says he knows civil engineering; claims to
be self-taught. Has been in the mahogany business on
the Cua and Coco; know to Mr. Gulke here, but unfavorably.
Says he is a drunken bum who gets out his lumber by
maltreating the inhabitants? Chavarria says he is not
level-headed and drinks too much. Says he would have
been several days earlier but for the fact they couldn't get
him sober. I have made arrangements to have this man
watched at all times. He intends to live at Aramas,
between Jinotega and the flying field until it is safe for
him to return to Cua.
IR28.10.08: 7
RG127/43A/3
|
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Inventory
24 September 1928. Information Obtained from a Former Sandino
Jefe.
The
former Sandinista jefe spilling his guts to the Marines in
this report was probably either Ciriaco Picado or Miguel Hernandez,
both reported captured by Lt. Salzman's patrol on 18
September 1928 (IR28.09.24: 10). The
prisoner in his statement describes rebel activities in the far
northwestern Segovias near the Honduran border, a sub-region with a
political culture distinct from other Segovian sub-regions.
Here border politics were central to local politics, and played a more important role
in the rebellion, as did longstanding local political conflicts
among and between local-regional notables and indigenous
communities. The report sheds important light on the
cross-border traffic in arms and ammunition; simmering conflicts
among and between rebel chieftains; and the plasticity of political
allegiances and identities.
(Photograph: l to r, Sandinista Generals Francisco Estrada,
Carlos Salgado, José León Díaz)
|
B-2 Report
Managua, Nicaragua
24 September 1928
... Information obtained from a former Sandino
Jefe concerning past operations follows:
"I was connected with Jose Leon Diaz during the months
of February, March, and April. I was for some time
a Jefe in charge of carrying out orders and plans of
Diaz in the Cinco Pinos - Rio Negro area, also visited
Tegucigalpa, Choluteca, and San Marcos [Honduras] on
business several times. During this period Diaz
was engaged in running arms and supplies from Honduras
to Sandino, also charged with seeing that other supplies
(from Leon, Esteli, etc.) got safely through to Sandino.
"Armed groups were maintained throughout the country to
pass these supplies etc. along. Diaz usually
remained in the San Lucas-Santa Rosa-Espino district.
Another Jefe was located in the Condega-Yali area.
Ferrera [Miguel Angel Ortez] was there for a while but I
think was relieved by Quesada during February. Up
until about April 15th Sandino was in the immediate
vicinity of Los Dantes (Murra Mines district).
About this time Sandino moved to the Coast, establishing
his headquarters near [Laguna de] Perlas, which is about
100 miles, more or less, north of Bluefields. I do
not know the country between Murra district ant the
Coast, but Diaz told me Sandino made it in ten days;
that probably no other man would have attempted the same
route. Rivers, swamps, and marshes comprise the
area. There were many desertions reported.
"There was no need for further work so Diaz, myself, and
certain others took a vacation. I went to
Tegucigalpa and Diaz to Choluteca. Carlos Salgado
was in Honduras, but Jose Antonio Salgado (different
family) was with Sandino on the Coast. During
February and March, Carlos Salgado had a habit of
hanging around the Pataste-Malpaso area with fifteen or
twenty men.
"Diaz sent word to Salgado that his presence caused
frequent Marine patrols and interfered with his (Diaz)
mission. Salgado did not disband immediately so
Diaz gave him ten hours to leave the territory.
Verbonico Vaquedano (now with Ferrera) carried the
message. Salgado disbanded and his men drifted
around, some to Honduras, some to Ferrera and others to
their homes. Diaz told me as late as May 15th,
1928 he had never been in action against the Marines.
All of his Jefes were cautioned to avoid Marine patrols
unless Diaz was present. I scattered my men and we
always went into hiding when patrols left Somotillo, San
Francisco, Limay, or other towns headed for my
territory.
"Regarding Ferrera I will tell you all about his quarrel
with Diaz, also his fight with the Marines at Colorado
Ranch the next time we have a talk. I can
truthfully tell you that no one gives Jose Leon Diaz
orders except Sandino. He is chief supply officer
for Sandino, has been since the revolution and is today
unless he is dead, which I have reason to believe.
He has been following the profession of revolutionist
for twenty years or more. As you know, I never
touch liquor and Diaz, being a hard drinker, likes men
around him who never touch it. About the first
week in May, Diaz sent word to me to come and see him at
once. With about ten men he was located in the
hills between Sonis and Las Lajas (about 8 or 9 miles
from Somoto). I took four or five men with me and
went to see him. He had received a letter from
Sandino, then at Perlas, asking him to come there as
soon as possible and to bring certain of his men with
him. My name was included and Diaz told me Sandino
wanted me in particular because of my knowledge of
automatic weapons. The letter also stated Carlos
Salgado was enroute to join him (Sandino). I
explained to Diaz I had definitely made up my mind to
make / p. 2 /
will take place. However if Tosta and Ferrera join
fores, it is said that a revolution would be
successful." ...
[ Continues with B-2 Report, 8 October 1928, p. 6;
presumed to be the same informant: ]
... A bandit prisoner now at Somoto, a captured jefe
under Escalante, states Ortez has two machine guns and
one sub-Thompson, one being a Lewis and the other a
Vickers. His machine gun instructor is Maldonado
who is said to be a graduate of a military school in
Tegucigalpa and later had three years experience in
guerrilla warfare in Mexico. This informant
further states that Ortez has recently secured the
services of a second man from the same military school,
a young man who, it is declared, operates the
sub-Thompson.
The Thompson sub-machine gun in question was smuggled
across the border west of Las Manos about August 6th,
1928 according to a report received by a member of the
Nicaraguan Repatriation Mission, who was then at Danli,
Honduras. Ortez has had two machine guns for about
three months but was without ammunition until recently,
according to a reliable source. ...
IR28.09.24: 9-10, IR28.10.08: 6
NA127/43A/3
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